8 Juegos de mesa para una Noche Vieja Hipster

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¡La última noche del año! ¿Y tú con esos pelos? ¡Que tu rollo ya no se lleva! Ahora tienes que dejarte crecer la barba, raparte media cabeza, preparar canapés veganos, comprarte unos bonitos tirantes y…

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¡La última noche del año! ¿Y tú con esos pelos? ¡Que tu rollo ya no se lleva! Ahora tienes que dejarte crecer la barba, raparte media cabeza, preparar canapés veganos, comprarte unos bonitos tirantes y hacerte un curso de elaboración de gintonics para cuando lleguen tus amigos con sus camisas estampadas abrochadas hasta la nuez.

¿Eh? ¿Qué esas cosas no pasan en tu casa? Ya. Esta cena de Noche Vieja has decidido pasarla con la familia ¡Ya te irás por ahí después! La mesa está aún llena de gente, pero se va vaciando de comida.

El primo Julián, que es delicadito como el sólo, se está pelando las uvas y quitándole las pepitas. Tu prima Susana, que es más rara que perro que hable, dice que este año pasa de uvas y anda haciendo cuentas para coger 12 Lacasitos del tubo. El tío Ramón ya está sacando el cava y el Champín de fresa del frigorífico (ya no hay niños pero lo del Champín es como una tradición). La abuela pregunta por quinta vez cómo va eso de los cuartos, porque Ramón García y su capa han vuelto y, con los comentarios de tus tías al respecto, no hay quien se entere de la explicación. Tu madre se está quitando la alianza y echándola a la copa, vaya que se le olvide con la emoción del brindis.

Imagina que ante ese panorama, se produce una nevada histórica o un diluvio universal, tú decides. La cosa es que no puedes salir de casa e irte con tus amigos, que era lo que tenías planeado. La noche se presenta corta y aburrida, pero… Entre los invitados está Lana, la novia de tu primo Julián. Cuando entró tú ya te fijaste en que se peinaba un poco raro. Lana mira por la ventana y comprende que no va a poder irse a su fiesta con canapés veganos, barbas, tirantes y camisas estampadas… Pero no está triste.

Prepara unos gintonics en vasos que son en realidad tarros de Nocilla, porque a tu padre le gusta darle un segundo uso a los envases, y os sienta a la mesa con una bolsa grande de tela que acaba de subirse del coche. Vais a jugar a Ocho juegos de mesa. Pero te avisamos, esta Noche Vieja manda Lana. Esta Noche Vieja va a ser muy vintage.

1. ¿Quién es quien? La partida se presenta interesante. Tu cuñado Paco está a punto de averiguar que escondes a Bill el calvo en la tarjeta y, la verdad, tú no tienes claro si en la suya está Claire o George, porque los dos llevan un dichoso gorro en la cabeza. Se te acaban las preguntas y Paco no para de bajar caras en su tablero ¡Cla! ¡Cla! ¡Cla! ¿Habrá estado practicando para hacerlo a tal velocidad?

2. Tragabolas. ¡Menudo jaleo tenéis montado! ¡Un poco de respeto, que la abuela ya está durmiendo! Pero es que las bolas están dando vueltas y tu hipopótamo rosa no pilla ni una. Piensas para tus adentros que el cacharro está trucado. Los botones echan humo y las bolas se van a acabar ¡Y ya sabemos que si tu cuñado Paco tiene algo en los dedos es velocidad! Acéptalo, va a ganarte otra vez.

3. Operación. ¡Ajá! ¡Esta sí! ¡Lo tuyo es la precisión! Has sacado ya la mariposa del estómago y el huesito de la suerte sin que se te mueva una pestaña. Te estás haciendo rico con tus pinzas y piensas que quizá debiste haberte dedicado a la cirugía. Es el turno de Paco, le suda la frente mientras intenta atinar con la manzana atragantada. Miras fijamente su mano para intentar moverla con la mente… ¡Bzzz! Al enfermo se le ha encendido la nariz y recuperas un poco de la dignidad perdida.



4. Trivial. Creías que ahora sí había llegado el momento de darle a Paco donde más le duele. Él es rápido pero tu lees más, así que en un juego de cultura general tienes bastantes posibilidades de salir vencedor por goleada. Lo malo es que para que no se alargue al partida vais a jugar por equipos. Tu primo Julián no es muy listo y ha caído en el tuyo, la prima Susana ve todos los días Saber y Ganar y va con Paco… Para colmo, tu padre se ha desvelado y se sienta a la mesa. Dice que él no juega, pero no puede evitar contestar a una de cada dos preguntas. La vida a veces es dura, y el equipo de Paco gana.

5. Scattergories. Vais 3 a 1 ¡Es algo intolerable! Suerte que Lana saca de la bolsa una caja roja y no es de Nestlé. “¡Es un icosaedro!” exclama Paco señalando el dado lleno de letras… “¡Se va a enterar!” exclamas tú mentalmente. Tu padre, que se ha prestado a ser mano inocente, lanza el dado unas cuantas veces y el cronómetro suena como una bomba de relojería dando emoción al momento. “Utensilio de concina con la M” es la palabra que romperá el empate. Todos han escrito “molde” y se suman cinco puntos. Tú, que de vez en cuando ves TopChef, hinchas el pecho y dices “mandolina”. Sumas 10 puntos y ganas la partida.

6. Party&Co. Tus primos han sido poseídos por el espíritu de Alonso Caparrós y se han creído que esto es “Furor” (¡Furor! ¡Furor! ¡Nanananananana! ¿Te acuerdas ahora?), así que han tenido la genial idea de dividir dos equipos por sexos. Al final todo queda en eso, en una idea. Pero da igual, porque los equipos se echan a suertes y a ti no te acompaña. Sí, Paco está en tu equipo y tienes que leerle los labios. Y sí, tu padre, que ha decidido que ya que está allí sentado, juega también y tienes que verlo hacer mímica. Da igual si ganáis o perdéis, seguís 3 a 2.

7. Risk. Napoleón a tu lado era un mindundi. De todos esos juegos que Lana traía en su bolsa de tela, este es en el que has gastado más horas de tu vida en tu tierna juventud. Es hora de vengarse de Paco, pero él también tiene muchas horas de juego en sus anchas espaldas, y lo mismo de estratega que de “gilipollicas”: mucho. Empiezas haciéndote con Asia, siempre has pensado que es la mejor manera de ganar; él con América del Norte. Infantería, Caballería, una hora, tres horas… El Risk es un juego de esos que parece que no se acaban nunca, como las tonterías de tu cuñado. Al menos esta vez ganas y lo igualas en el marcador.


8. El Palé. Lana es mucha Lana y pasa del Monopoly. Ella juega al Palé, y por ende vosotros también. Con tu padre ya acostado, Julián medio sopa y Susana hablando con su novio colombiano por Skype (allí es otra hora, aunque ahora mismo no estás para pensar cuál), la tensión se palpa. Lana, que se ha percatado de vuestro pique y de que esta es la ronda decisiva, ha decidido ser la banca para que haya imparcialidad (y porque le gusta toquetear los billeticos). Es un duelo a dos bajo el sol, porque ya es hora del chocolate con churros… Pasa el tiempo, y por más que intentas convertirte en “el pocero”, Paco tiene más hoteles que el dueño de Ibis y tienes que pagarle hasta por rascarte el ojo, que hace rato que se te cierra…

No hay otro vencedor moral en esta Noche Vieja viejuna que tú. O eso intentas decirte a ti mismo mientras Paco se enfunda su abrigo gordo y te guiña el ojo diciendo “¿El año que viene quieres la revancha?”

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